El reconocido neurocirujano Giulio Maira aseguró que las experiencias afectivas durante la infäncia, como las palabras de los padres, las caricias y los primeros juegos, tienen un impacto directo en la formación física del cerebro y en la llamada reserva cognitiva, una capacidad clave para enfrentar el envejecimiento cerebral.

Según explicó el especialista, el cerebro infantil posee una enorme plasticidad, lo que significa que puede modificarse y fortalecerse a partir de los estímulos del entorno. En ese sentido, los vínculos emocionales tempranos ayudan a construir conexiones neuronales esenciales para el aprendizaje, la memoria y la regulación emocional.

Maira señaló que esta reserva cognitiva funciona como una especie de “respaldo cerebral”, permitiendo que algunas personas enfrenten mejor el paso del tiempo o enfermedades neurodegenerativas. Hábitos saludables, educación y una infancia enriquecida emocionalmente pueden fortalecer esa capacidad.

El experto también destacó que el afecto no es un elemento secundario en el desarrollo humano, sino una necesidad biológica. Gestos simples como hablar con los niños, jugar con ellos o brindarles seguridad emocional influyen en la arquitectura cerebral desde los primeros años de vida.

Los planteamientos del neurocirujano refuerzan la importancia de la crianza temprana y del entorno familiar como factores decisivos no solo en el bienestar emocional, sino también en la salud mental y cognitiva a largo plazo.

Con información de: Clarín

¿Qué opinas de esto?