Durante años, el debate educativo ha girado en torno a los contenidos, las reformas curriculares o el papel de la tecnología en las aulas. Sin embargo, hay una cuestión mucho más profunda y sorprendentemente menos atendida que empieza a ganar protagonismo entre expertos, docentes y familias: no tanto qué aprenden los alumnos, sino cómo lo hacen.

En ese contexto se publica ‘Aprender con estrategia’ (Libros Cúpula), una obra que sitúa el foco en una de las carencïas persistentes del sistema educativo: la ausencia de un método claro y generalizado para aprender de forma eficaz. Sus autores, Alejandra Scherk y Ferran Ballard, parten de una premisa tan sencilla como reveladora y es que la mayoría de los estudiantes nunca ha recibido formación explícita sobre cómo estudiar.La escena es conocida en muchos hogares: largas tardes de estudio, apuntes subrayados, sensación de esfuerzo… y, sin embargo, resultados que no siempre reflejan ese trabajo.

En ese desfase entre dedicación y rendimiento es donde se sitúa el núcleo del problema. A diferencia de lo que suele pensarse, aprender no es un proceso intuitivo. Requiere comprender cómo funciona la memoria, cómo se organiza la información y qué tipo de esfuerzo favorece la consolidación del conocimiento. «El sistema educativo nos enseña qué estudiar, pero rara vez nos enseña cómo hacerlo», señalan los autores. «Y eso es un problema, porque aprender no es una habilidad intuitiva: tiene principios bastante universales que la psicología cognitiva lleva décadas estudiando».

En ausencia de ese aprendizaje explícito, cada alumno acaba desarrollando su propio método de estudio de forma intuitiva. Algunos encuentran estrategias eficaces; otros consolidan hábitos poco productivos que, con el tiempo, resultan difíciles de corregir. Entre ellos, destacan técnicas tan extendidas como engañosas. «El error más habitual es utilizar técnicas pasivas», advierten. «Muchos estudiantes creen que estudiar consiste en releer el texto, copiar apuntes o subrayar páginas enteras. Esas técnicas dan sensación de estudio, pero en realidad generan lo que los psicólogos llaman ‘ilusión de conocimiento’».

Como resume LauriMathTeacher, «cuando un niño se da cuenta de que puede resolver un problema con su propio razonamiento, empieza a confiar en su capacidad para pensar», una idea que, según los expertos, resulta clave en cualquier proceso de aprendizaje.

Con información de: El Tiempo

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