Así lo afirmaba Lucio Anneo Séneca, uno de los grandes pensadores del estoicismo romano, en su célebre ensayo De Brevitate Vitae (Sobre la brevedad de la vida). La idea central del texto de Séneca es que la vida no es en sí misma corta, sino que la hacemos así. Somos los seres humanos los que la acortamos al malgastarla en lo trivial; si nos centramos en una vida llena de lujos y de negligencias, sin consagrarnos a ningún objetivo honesto, entonces es cuando la vida pasa sin que te des cuenta, según el célebre filósofo.

Somos nosotros mismos los que nos robamos años de vida, de ahí que Séneca nos acuse de actuar como si fuéramos inmortales en nuestros deseos, pero mortales en nuestros miedos: aplazamos lo importante, ignoramos nuestra fragilidad y vivimos como si tuviéramos reservas infinitas de tiempo. Pero no es así. Es una realidad incontestable. Nuestra esperanza de vida ha aumentado considerablemente desde el último siglo, pero de ahí a la eternidad hay un vacío considerable.

Las tres trâmpas nos røban la vida, según Séneca:

Aplazar constante las cosas para “más adelante”. “Ya disfrutaré o viajaré cuando me jubile…”, “cuando tenga más dinero tendré hijos…”. Sin embargo, nadie nos garantiza que ese “más adelante” llegue.

Estamos siempre ocupados, pero no activos. Hacemos listas, tachamos tareas… pero ¿para qué? Según Séneca estamos tan preocupados por estar siempre haciendo cosas que se nos olvida lo más importante: vivir. Nos pasamos la vida trabajando por cosas que, una vez obtenidas, no nos dejan tiempo para disfrutarlas.

Para ello, podemos aplicar una serie de prácticas inspiradas en sus ideas, como planificar cada día como si fuera importante para evitar la inercia de la vida; decir “no” cuando sea necesario; dedicar tiempo a leer y reflexionar; que tus acciones transiten por tus valores y recordar siempre que no se trata de que tengamos poco tiempo, sino que no debemos malgastarlo.

Con información de: El Confidencial

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