Hoy muchas mujeres y hombres en edad fértil no quieren tener hijos porque no quieren. Pereciera difícil aceptar que personas no quieran tener hijos porque simplemente no quieren tenerlos. Razones tales como no tener una situación económica que permita enfrentar el costo de criar un hijo, creer que este mundo está muy viölênto y no estar dispuesto a que más personas vivan en él, no contribuir al calentamiento global, entre otras, son explicaciones que pueden ser comprensibles. Pero ‘no porque no quiero’, es una afirmación que no se atiende y se anula en la discusión pública.
Los jóvenes entre 18 y 29 años que están satisfechos con su vida y tienen trabajo tienden a tener menos hijos que lo declarado, y los adultos entre 30 y 44 no muestran abiertamente esa tendencia, pero tampoco la contraria. El deseo de un grupo de jóvenes actuales que están felices con sus vidas y tienen trabajo es seguir como están, sin integrar hijos a sus existencias. Esto es resistido por diversos actores, entre ellos, el Estado, para el que la baja de natalidad es un problema concreto.
Se cree que, con una mejor situación económica para acceder a cuidados, vivienda y otros bienes, mayor flexibilidad laboral para poder ejercer una paternidad o maternidad activa, proyecciones de futuro auspiciosas para que los hijos e hijas habiten en un mundo que los acoja, mayor sentido de comunidad, por nombrar algunos, se podría mover la aguja y aumentar la natalidad. Sin embargo, el grupo de jóvenes que está bien como está no quiere incentivos. Está disfrutando de poder controlar su vida sin arriesgar su tranquilidad con elementos externos.
Los hijos para ellos no solo son una fuente importante de rïesgos, sino que también algo que no se quiere porque se está bien sin tenerlos. No son percibidos como fuente de felicidad, tampoco como el camino para completar el desarrollo personal ni como una forma de perpetuarse en el mundo. La respuesta es ‘no quiero ser madre o padre’, o ‘quiero tener solo un niñø’, independiente de la edad, la situación económica, el estado civil o lo que se piense sobre el calentamiento global, las güerras y la dominación de la humanidad por la inteligencia artificial.
Las decisiones son personales, no colectivas; se toman pensando en el proyecto de vida que se quiere realizar, no en las expectativas sociales. En ese contexto, lo interesante es que exista la pregunta, no cuál es la respuesta.
Con información de: El País









