“Tienes que calmarte”, “hazlo como te digo”, “no hagas eso, está mal”… Si al escuchar estas frases te enfadas o te irritas, porque odïas que te digan qué tienes que hacer, es momento de reevaluar tu comportamiento. Reaccionar de forma negativa a las órdenes y consejos que otras personas te dan con buenas intenciones puede deberse a experiencias pasadas, rasgos de personalidad o incluso por la forma como te hablan.

Una explicación común es el deseo natural de sentir que tomas tus propias decisiones. La teoría de la autodeterminación señala que las personas necesitamos saber que tenemos control sobre nuestras vidas para mantener el bienestar emocional. Si alguien te dice qué hacer, puedes pensar que amênâza esa autonomía, incluso si la intención de la otra persona no es mala.

Antes de reaccionar, respira hondo y no tomes lo que has oído como si fuera una orden, al contrario, piensa que es una simple sugerencia. Decide de manera consciente si te quedas con ella o no, recuerda que tú tienes el control sobre tus emociones y decisiones. Cuestionar o resistirse a figuras de autoridad podría deberse a que sientes que no se han ganado tu respeto o es posible que lo asocies con vivencias negativas, donde la autoridad fue ejercida de forma injusta o humillãnte. Por ejemplo, padres muy autoritarios, jefes controladores o maestros poco empáticos.

Esta resistencia quizás es inconsciente, pero activa una respuesta defensiva como “no me mandes, yo sé lo que hago”. Para manejar estas situaciones, pregúntate qué provoca enfado: la persona que te habla o el contenido del mensaje. A veces, separar el mensaje del mensajero ayuda a ver si hay valor en la información que recibes. En todo caso, comprender las razones ayuda a reconocer si tu malestar tiene más que ver contigo que con la otra persona, y a responder de manera más consciente.

Con información de: La Razón

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