La ausencia prolongada de contacto físico en las relaciones humanas comenzó a ser catalogada por los expertos como un factor críticø de inestabilidad emocional. Diversos estudios psicológicos sugieren que, cuando el contacto corporal desaparece, el cerebro interpreta esta carencia como una señal de alärma, activando sentimientos de duda e inseguridad.
Al ser el tacto el primer lenguaje que desarrollamos como seres humanos, su privación rømpe el flujo de validación silenciosa que mantiene la confianza en una relación, dejando un vacío que las palabras no siempre pueden llenar. Este fênómeno, conocido técnicamente como privación afectiva, impäcta directamente en el autoconcepto del individuo, generando una persistente sensación de rechazo.
Sin el refuerzo de un abrazo o una caricia, los niveles de oxitøcina disminuyen drásticamente, mientras que el cortisøl (la hormona del estrés) aumenta. Esta alteración química predispone a la persona a malinterpretar las señales de su entorno, transformando la falta de cercanía física en una percepción de distanciamiento emocional o desinterés por parte de la pareja o el círculo cercano.
Finalmente, los especialistas en salud mêntal subrayan que el contacto físico actúa como un regulador del sistema nervioso que confirma la pertenencia y la seguridad. La falta de este estímulo no solo afecta el ánimo, sino que puede derivar en cuadros de ansiêdad social y una baja autoestima.
Con información de: Nature Communications
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