No todos comienzan el día con la cama perfectamente arreglada, y los especialistas en comportamiento aseguran que este detalle cotidiano puede revelar rasgos interesantes de la personalidad. Quienes deciden no hacer la cama suelen ver esta tarea como algo efímero: “¿Para qué invertir tiempo en algo que se deshará de todas formas?” parece ser su filosofía.

Además, los expertos explican que este hábito puede estar relacionado con una menor necesidad de cierre cognitivo, es decir, la capacidad de convivir con tareas incompletas o cierto desorden sin que esto genere estrés. Estas personas no se sienten incómodas si las cosas no están perfectamente ordenadas y pueden manejar la incertidumbre de manera natural.

Quienes evitan este hábito también suelen tener una visión más práctica de sus rutinas. Priorizar otras actividades por encima del arreglo del dormitorio refleja flexibilidad y un enfoque pragmático del tiempo: lo importante es que el día siga adelante, no que todo esté perfectamente alineado desde primera hora.

En resumen, no hacer la cama no es sinónimo de desorden o irresponsabilidad, sino que puede ser un reflejo de una personalidad relajada, flexible y orientada a la eficiencia, que busca empezar el día sin obsesionarse con los detalles y enfocarse en lo que realmente consideran relevante.

Con información de: El Economista

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