Los organoides cerebrales, conocidos coloquialmente como “minicerebros”, constan de cientos de miles de células en lugar de los miles de millones que tiene el cerebro humano y, aunque emiten señales similares, carecen de capacidades cognitivas.
A pesar de estas restricciones, sirven para entender enfermedades neurológicas, estudiar el desarrollo del cerebro humano y probar tratamientos en entornos controlados.
Estos pequeños mundos neurales son hechos en laboratorios y están conformados por órganos tridimensionales que imitan, sin ser réplicas exactas, a los cerebros embrionarios humanos, refieren medios especializados.
En los últimos 11 años, se han evaluado el funcionamiento de estos organoides, no obstante, en este último año ha generado impacto tras las nuevas investigaciones reveladas, entre las que destaca como una que las combinó con hardware y otra en la que se usó tejido cerebral fetal, en lugar de células individuales.
Es más, a inicios de este año, en la revista Cell se informó sobre un nuevo método para obtener organoides con tejido cerebral fetal humano, usando muestras provenientes de abortos de donantes anónimas.
La esperanza es que este modelo permita una mejor comprensión del desarrollo del cerebro humano en las primeras etapas, ya que proporciona información sobre cómo el cerebro regula la identidad de las células.
En diciembre de 2023 se publicó en Nature Electronics un estudio innovador sobre Brainoware. Esta técnica consiste en enviar y recibir información desde el organoide cerebral utilizando una matriz de electrodos.
Al aplicar estimulación eléctrica en diferentes patrones se demostró que esta técnica logra dos tareas típicamente requeridas a la inteligencia artificial: reconocer el habla y hacer matemáticas, en este caso, predecir ecuaciones no lineales. La investigación busca, en el futuro, aprovechar la capacidad de computación del reservorio y el aprendizaje del organoide.
Con información de Últimas Noticias









