El pan francés es un clásico ya sea para acompañar un asado, para armar un «sanguchito» de fiambre a media tarde o para untar con manteca y mermelada en el desayuno, su versatilidad no tiene límites. La clave para lograr esos pancitos idénticos a los de la foto con ese color dorado perfecto, la pequeña apertura en la parte superior y una miga que parece una nube está en el amasado y, sobre todo, en un pequeño gran secreto durante el horneado: el vapor.

Ingredientes:

  • Harina de trigo: 500 gramos.
  • Agua tibia: 300 ml.
  • Levadura fresca: 15 gramos (si usas seca, con 5 gramos o un sobrecito es suficiente).
  • Sal fina: 10 gramos (aproximadamente una cucharada al ras).
  • Aceite de girasol o de oliva: 1 cucharada sopera (este es el toquecito para que la miga quede más suave y dure más tiempo tierno).
  • Azúcar: 1 pizca (ayuda a despertar la levadura y a darle ese tono dorado a la corteza).

Preparación:

El fermento previo: en un vaso, coloca un chorrito del agua tibia (no caliente, porque quëma la levadura), la levadura desgranada, la pizca de azúcar y una cucharada de harina. Revolver bien y déjalo descansar unos 15 minutos hasta que se forme una espuma en la superficie. Esto nos asegura que la levadura está viva y lista para trabajar. La corona y el amasado: en la mesada limpia o en un bol grande, volca la harina y has un hueco en el centro (la clásica corona). Espolvorea la sal por los bordes exteriores para que no toque directamente la levadura al principio. En el centro, agrega la cucharada de aceite y el fermento que preparamos en el paso anterior. Comienza a integrar de adentro hacia afuera, agregando el resto del agua tibia de a poco.

Una vez que se forme el bollo, bájalo a la mesada y amasa con ganas durante unos 10 a 15 minutos. Vas a notar que la masa pasa de ser pegajosa a volverse lisa, suave y elástica. El primer descanso: coloca el bollo en un bol apenas aceitado, tápalo con un repasador limpio o papel film, y dejalo descansar en un lugar cálido de la casa hasta que duplique su tamaño (entre 45 minutos y 1 hora, dependiendo de la temperatura ambiente). El armado de los pancitos: una vez leudada, volca la masa en la mesada y aplástala suavemente con los dedos para quitarle el gas (desgasificar). Cørta porciones de unos 60 a 70 gramos cada una.

Para darles la forma de la foto, estira cada bollito con las manos o un palote formando un pequeño óvalo, y luego enróllalo sobre sí mismo apretando un poco, como si armaras un pionono pequeño. Pelliza las uniones para que no se abran y colócalos en una asadera apenas aceitada, con el cierre hacia abajo. El segundo leudado y el cørte: tapa la asadera y déjalos descansar por otros 30 a 40 minutos para que vuelvan a inflarse. Justo antes de meterlos al horno, con un cüchillø bien afilâdo (o una hojita de afeïtar limpia), hacele un cørte longitudinal y rápido en el centro a cada pancito. Esto permite que el pan se expanda correctamente en el horno y quede con ese aspecto profesional.

El secreto del horneado de la receta: Precalienta el horno a 200°C (horno fuerte). Acá viene el truco de panadería: en el piso del horno, coloca un jarrito o una fuente pequeña de metal con agua hirviëndo. Esto generará vapor durante los primeros minutos de cocción, lo que retrasa la formación de la costra y permite que el pan crezca al máximo, dejándolo crujiente por fuera pero brillante. Hornea los pancitos durante 15 a 20 minutos, o hasta que los veas con ese dorado irresistible. Y listo.

Con información de: Receta

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