Pocos se imaginan que esa piel rugosa del kiwi puede ser un verdadero tesoro saludable y sustentable. Aunque a muchos les resulte extraña, la cáscara suma nutrientes esenciales que vale la pena aprovechar.

Al incluir la cáscara, se gana al menos un 50% más de fibra, folato y vitamina E, junto con un aumento significativo de antioxidantes, en comparación con comer solo la pulpa. Esto ayuda a mejorar la digestión, potenciar el sistema inmune y cuidar la piel.

Además, su alto contenido de vitaminas C, E, K, magnesio y potasio protege las células frente al estrés oxidativo, colabora en la producción de colágeno y, junto con los minerales, favorece la salud cardiovascular y ósea.

Y eso no es todo: las cáscaras están llenas de antioxidantes y compuestos fenólicos como polifenoles, que combaten la inflamación, y actinidina, una enzima que mejora la digestión proteica.

Con información de: El Tiempo

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