Para quienes nacieron entre 1945 y 1965, guardarse los asuntos personales era un acto de respeto propio, una silenciosa afirmación de que la vida interior era algo personal. La frontera entre lo que se sentía y lo que se compartía no era un muro construido por miedo, sino una construcción sólida y digna. Ahora, esa construcción es condenada como insegura por personas que nunca la han habitado.

«La mayoría de las personas menores de 40 años ven en ese silencio una señal de que algo se ha roto. La sabiduría cultural predominante afirma que la apertura equivale a salud, que la vulnërabilidad es fortaleza, que si no compartes tu estado emocional con alguien, probablemente süfres en soledad. Las campañas de bienestar, los programas de concienciación sobre salud mental e incluso los hijos adultos bienintencionados parten de esta premisa», cuenta el autor.

«El silencio, en este contexto, es una señal de alarma. Pero este enfoque ignora algo fundamental sobre cómo se formó toda una generación. Las personas que ahora tienen sesenta, setenta y ochenta años no llegaron a ser reservadas por casualidad. Se formaron en hogares donde la compostura era fundamental, donde airear los trapos sucios era una falta moral y donde la capacidad de resolver los propios problemas sin agobiar a los demás se consideraba la base de la adultez. Cuando la cultura moderna interpreta su silencio como soledad, está aplicando un vocabulario que ellos nunca aceptaron usar», indica el autor.

En las últimas dos décadas, el lenguaje de la salud pública cambió. La soledad pasó de ser un sentimiento privado a una epidemia, una crïsis, una condición que requiere intervención. ¿Y a quién se dirige con mayor frecuencia este lenguaje? A los adultos mayores que viven solos o en un entorno tranquilo. La soledad y el aislamiento son estados psicológicos fundamentalmente diferentes: la soledad, cuando es voluntaria, ofrece renovación e incluso creatividad. Sin embargo, el debate público sobre el envejêcimiento rara vez hace esta distinción.

Con información de: El Tiempo

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