Solo existen cuatro costas en todo el planeta en las que la arena muestra un color verde natural y permanente. La razón detrás de este fenómeno es la presencia acumulada de un mineral conocido como olivino, producto de procesos volcánicos y, en el caso de Noruega, de antiguos desafíos glaciares.
A diferencia de las playas blancas, doradas o incluso negras, la escäsez de estos lugares los convierte en referencia obligada para el turismo científico y de naturaleza: la composición química y geológica de cada playa ofrece una postal irrepetible.
En la isla grande de Hawái, cerca del punto más al sur de los Estados Unidos, se encuentra Papakolea Beach, reconocida como uno de los principales destinos globales por su singular arena de color verde. En el archipiélago de Guam, territorio estadounidense en Micronesia, se encuentra Talofofo Beach, cuya arena muestra una tonalidad esmeralda menos intensa que en Hawái y solo visible en condiciones óptimas de sol. El olivino presente se deposita a menudo en zonas más oscuras de la playa, generando bancos con matices diferentes según la marea y el clima.
En la isla Floreana, dentro del Parque Nacional Galápagos, se ubica Punta Cormorant, en Ecuador, famosa por su arena con reflejos verdosos y dorados. La razón detrás de esta coloración, explican Travel + Leisure, es la presencia de olivino originado en conos volcánicos próximos, mezclado con arena más fina. El caso noruego difiere geológicamente de los anteriores: en Hornindalsvatnet, el lago más profundo de Europa, las playas surgen a partir de antiguos movimientos glaciares que depositaron minerales verdes sobre el litoral. Este lago alcanza profundidades superiores a los 400 metros y la arena verde se encuentra en sitios limitados de su costa.
La singularidad de estas cuatro playas reside en la combinación de procesos volcánicos o glaciares con la concentración específica de olivino. La escasez global de este tipo de arenales subraya el carácter irrepetible de cada escenario, tanto desde una perspectiva geológica como ecológica. La protección de estos sistemas y el cumplimiento de las normas medioambientales son fundamentales para preservar intactos estos paisajes naturales, testigos de la historia dinámica del planeta.
Con información de: La Vanguardia









