Un grupo de científicos encontró en las matemáticas la respuesta a cuestiones como por qué los bebés duermen siesta un día y otro no, por qué los mayores duermen menos y los adolescentes más o por qué a algunas personas les cuesta madrugar y otras lo hacen sin problemas.

El hallazgo, publicado en la revista Biological Timing and Sleep, analiza cómo interactúan factores fisiológicos y ambientales, como la luz y la edad, para moldear las rutinas de descanso. La investigación se basó en el llamado modelo de “dos procesos” (2PM), desarrollado en los años ’80 del siglo pasado, que explica cómo el sueño está gobernado por dos sistemas.

Una presión homeostática que aumenta cuanto más tiempo estamos despiertos. El ritmo circadiano o reloj interno que sigue un ciclo cercano a las 24 horas. El nuevo aporte de los científicos fue usar simulaciones matemáticas para entender cómo estos procesos interactúan y por qué varían de una persona a otra.

Uno de los hallazgos más llamativos es que el entorno lumínico tiene un rol clave. Pasar mucho tiempo en interiores y mantener luces encendidas por la noche puede alterar el reloj biológico. Esta alteración puede empujar el sueño hacia horarios más tardíos, algo común en adolescentes o personas que usan pantallas hasta tarde.

También se demostró que con la edad cambian los ritmos del sueño. Los bebés pueden dormir siesta algunos días y otros no, mientras que los adultos mayores tienden a despertarse más temprano. Esto no necesariamente se debe al envejecimiento del reloj biológico, sino a cómo se reconfiguran los sistemas que regulan el sueño.

Con información de: La Razón

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