Agregar una pequeña cantidad de vinagre al cocinar lentejas es un truco culinario que va más allá del sabor. La acidez que aporta el vinagre ayuda a que el organismo aproveche mejor los nutrientes esenciales presentes en esta legumbre, especialmente el hierro de origen vegetal, que normalmente se absorbe con menor facilidad que el hierro animal.

Durante la cocción, el vinagre contribuye a descomponer compuestos como el ácido fítico y el oxálico, que dificultan la absorción de minerales. Esto permite que el cuerpo aproveche de manera más eficiente el hierro de las lentejas, sobre todo cuando se combinan con alimentos ricos en vitamina C, como tomate o pimiento, que potencian este efecto.

Además de mejorar la absorción de minerales, el vinagre equilibra el sabor del guiso, aportando un toque de acidez que realza el perfil del plato. También reduce ciertos compuestos que dificultan la digestión, haciendo que las lentejas sean más fáciles de digerir y nutritivas.

Este simple truco también ayuda a moderar la respuesta glucémica del plato. Al favorecer una digestión más estable y un aprovechamiento eficiente de los nutrientes, el cuerpo procesa los alimentos de forma más equilibrada, lo que es beneficioso para quienes cuidan sus niveles de azúcar en sangre.

Con información de: El Economista

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