El término Feng Shui significa “viento y agua”, y se basa en la idea de que existe una energía vital que fluye por todos los ambientes: el chi. Esta energía se ve afectada por la interacción del yin y el yang, dos fuerzas opuestas pero complementarias. Mantener ese balance permite que el chi circule de forma beneficiosa en la vida cotidiana.

El Feng Shui propone ubicar espejos con intención, ya que su posición puede potenciar o bloquear la energía en el hogar. Los espejos, por ejemplo, pertenecen al elemento agua y se los asocia con la inspiración y la comunicación. Según el Feng Shui, cuando se ubican correctamente, pueden aumentar la luz y el movimiento energético en los espacios.

Aun así, no todas las ubicaciones son recomendadas. En el baño, por ejemplo, no deberían colocarse espejos frente a la puerta. Esto, explican las especialistas, genera un “rebote” de energía que impide su correcta circulación. Si no es posible moverlos, cerrar la puerta puede ayudar a equilibrar ese flujo.

También hay que tener en cuenta otros detalles. Espejos en mal estado o rotos pueden generar sensaciones negativas. Tampoco se sugiere que reflejen desorden o estén frente a ventanas o camas. Elegir piezas grandes, limpias y bien posicionadas contribuye a que el ambiente se sienta más claro, ordenado y en armonía con lo que queremos atraer.

Con información de: TN

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