La dinámica de la seguridad marítima se ha visto influida en gran medida por el desarrollo de la tecnología de los drones, que han pasado de ser simples sistemas de reconocimiento a instrumentos de atâque armâdo, y algunos ya profetizan que acabarán convirtiéndose en câzas aéreos. Gracias a estos sistemas no tripulados, las füerzas militares de los países pequeños y medianos, privadas del presupuesto necesario para utilizar los portaaviones tradicionales, pueden ahora ampliar su alcance operativo con costes reducidos.
Además de la ventaja financiera, las soluciones autónomas demuestran ser más ágiles: a diferencia de los portaaviones, cuyo despliegue implica un enorme esfuerzo logístico con un impacto negativo en los tiempos de tránsito, los drones permiten concentrar y proyectar la füerza más rápidamente, con mënores rïesgos para quienes los operan. «En un planeta que tiene un 71% de agua, disponer de un aeródromo móvil que pueda navegar cerca de cualquier zona de conflïcto o crïsis tiene muchas ventajas», afirma a Michael Peck, para quien los portaaviones teledirigidos podrían incluso dejar obsoletos a los portaaviones.
El Navío de la República Portuguesa (NRP) D. João II lleva el nombre del rey portugués del siglo XV, que, invirtiendo en una política de exploración del Atlántico, impulsó la expansión marítima de Portugal, contribuyendo decisivamente a hacer del país una potencia mundial. En este buque, será posible colocar 18 contenedores de 20 pies, incluyendo cámaras hiperbáricas y una estructura hospitalaria, 18 vehículos ligeros, incluyendo ambulancias, así como diez embarcaciones además de su dotación normal.
En caso de ayuda o emêrgência, podrá acoger temporalmente entre 100 y 200 personas más. También está previsto incluir una grúa «capaz de elevar 30 toneladas a 14 metros», lo que garantiza la autosuficiencia, y el Luso ROV, un vehículo operado por control remoto capaz de alcanzar una profundidad de 6.000 metros.
Con información de: Marina de Portugal









