La presión de pulso es la diferencia entre los valores máximo y mínimo de la presión arterial. Este dato simple, obtenido con cualquier tensiómetro, ofrece pistas sobre la elasticidad de las arterias. A medida que estos vasos pierden flexibilidad, este indicador aumenta y adviërte sobre riësgos cardiøvasculares antes de aparecer los síntomas.
Un estudio publicado en la revista Neurology analizó la información genética de casi 9.000 personas. La investigación descubrió que quienes tienen una predisposición genética a una presión de pulso elevada presentan más riësgo de fällecer por demëncia. Los resultados resaltan la importancia de este dato en la evaluación del riësgo cognitivo.

El valor normal se obtiene restando la presión diastólica de la sistólica y ronda los 40 mmHg. Cuando el indicador se mantiene alto, señala rigidez arterial, elevando el riësgo de infärtos o accidentës cerebrøvasculares. De hecho, por cada incremento de 10 mmHg en la presión de pulso, el riësgo coronario sube un 23%.
Otra investigación en Hypertension comprobó que una presión alta afecta la integridad de la sustancia blanca cerebral. Este däño compromete la conectividad neuronal y la velocidad del pensamiento, especialmente a partir de los 60 años. Los autores proponen monitorizar este valor como una estrategia efectiva para preservar la salud del cerebro.
Con información e ilustración de Infobae









