A finales de enero de 1896 se registró lo que se considera la primera multa por exceso de velocidad de la historia. El protagonista fue Walter Arnold, quien en el condado de Kent, Reino Unido, condujo uno de los primeros automóviles hacia los 13 km/h (equivalente a unas 8 mph), muy por encima del límite permitido, y fue perseguido por un oficial en bicicleta hasta ser detenido.
Arnold infrïngió varias normativas al mismo tiempo: operaba un vehículo motorizado en una calle pública, circulaba sin la supervisión de acompañantes, no exhibía los datos del vehículo y excedía la velocidad en forma inmediata y notable. El tribunal impuso una multa de 4,7 libras por cada una de esas infrăcciones, aunque él consideró el pago como una inversión publicitaria para demostrar la capacidad real de los automóviles de ese tiempo.
Este incidĕnte marcó un hito en la historia del tránsito: fue el punto de partida para la regulación de velocidades y para que los gobiernos empezaran a contemplar sanciones por infrăcciones viales. A raíz de este caso, poco después se revisaron los límites de velocidad vigentes, ampliándolos para ajustarse al avance tecnológico del transporte.
Walter Arnold no solo pagó la multa, sino que usó la notoriedad del evento como un soporte comercial para vender automóviles a escala local, contribuyendo así al desarrollo inicial de la industria automotriz en el Reino Unido.
Con este antěcedente, la normatividad vial comenzó a formalizarse y se sentaron las bases de los sistemas de sanción por infracciones de tráficø que hoy vemos en casi todos los países.
Con información de: Xataka









