La isla de La Reunión “es un guijarro en medio del océano Índico, es un laboratorio bioclimático” afirma Marc Delanoë, director de desarrollo sostenible del aeropuerto Roland Garros. “Entre la idea de construir una terminal de llegadas y su realización han transcurrido ocho o nueve años”, comenta, y se han inspirado de otros edificios con ventilación natural en la región, como el anfiteatro bioclimático de Saint Denis o las casas tradicionales reunionesas.

Según la Comisión Europea la aviación genera más del 13% de las emisiones de gases de efecto invernadero del transporte. En este aeródromo internacional el esfuerzo para reducirlas se concentra en las infraestructuras. La terminal de llegadas y recogida de equipajes del aeropuerto de La Reunión es un cubo de vidrio, metal y madera de 13.000 m² que «respira» por el techo y por las fachadas, equipadas con más de ochocientas ventanas de rejillas automatizadas. Para el presidente del consejo de administración del aeropuerto, Thomas Dubus “el efecto más impactante al entrar aquí es el efecto catedral. Ese volumen gigantesco y esa luz que en La Reunión llamamos ‘dentro-fuera’. Estamos en el interior, pero en un espacio amplio y en contacto directo con la naturaleza exterior”.

La naturaleza se invita dentro también, con plantas endémicas, escogidas por el Conservatorio botánico de La Reunión. Refuerzan la sensación de frescor y contribuyen a preservar estas especies, algunas en peligro de extinción. Crecen la nave y en el tejado; concretamente, en el cañón: una estructura longitudinal de diez metros de alto y diez de ancho, pieza maestra de ingeniería y arquitectura de este sistema de ventilación natural. Lo que se busca es un confort térmico natural, utilizando la velocidad de los vientos alisios.
El viento se acelera en la parte superior de la cubierta y se genera un efecto de aspiración que hace que el aire entre por las fachadas exteriores y salga por el cañón”. A una velocidad de un metro por segundo en contacto con la piel la sensación de frescor es cuatro grados menor que la real. Las ventanas están automatizadas y su movimiento responde en tiempo real a las indicaciones de una estación meteorológica, situada en la cubierta de la terminal de ‘salidas’.
Con información de: Medios Internacionales









