El profesor de Psicología en la Universidad Europea de Canarias, Óliver Serrano, ha abordado el fenómeno conocido como “therian”, aclarando que no se trata de un trastorno psicológico, sino de un modo de exploración de identidad, especialmente común durante la adolęscencia. Según Serrano, lo esencial es que los jóvenes se sientan bien consigo mismos, sin importar la etiqueta que adopten para definirse.

Un “therian” es una persona que se identifica a nivel psicológico o espiritual con un animal no humano, de manera total o parcial. Esta identificación puede incluir imitar movimientos de un animal o incluso usar accesorios como collares para acercarse más a la experiencia. El especialista subraya que esta práctica es comparable con antiguas expresiones de identidad adolescente, como las tribus urbanas de los años 80 y 90: punk, heavy o rocker, donde la vestimenta y las costumbres servían para construir y explorar la identidad personal.

Serrano enfatiza que no es la identidad en sí lo que puede ser motivo de preocupación, sino las conductas que puedan derivarse de ella. “Puedes sentirte una serpiente y estar completamente feliz, o tener una identidad humana normativa y pasar por momentos difíciles, como depresión. Lo importante es el bienestar del adolescente y sus comportamientos futuros”, explica el psicólogo.

El especialista también alerta sobre señales de alerta que los padres deben observar, independientemente de la identidad adoptada por sus hijos, como aislamiento, pérdida de interés en actividades, bajo rendimiento escolar, irritabilidad, insomnio o conflictos familiares frecuentes. Estas conductas pueden indicar que algo no está funcionando adecuadamente y requieren atención.

Otro factor que contribuye a la visibilidad del fenómeno therian es el papel de las redes sociales, cuyos algoritmos refuerzan la exposición de los jóvenes a contenidos relacionados con animales y comunidades similares. Serrano resalta la importancia de que los adolęscentes se sientan parte de un grupo, pero insiste en que la familia debe establecer límites claros: escuchar y comprender al joven, pero al mismo tiempo, mantener conductas dentro de lo socialmente aceptable, evitando comportamientos extremos que puedan generar rięsgøs.

Con información de: Deia

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