Ambos términos suelen confündirse, pero mientras el psïcópätâ es frío, encantador y mëticuloso, el sociópätâ es impülsivø, emocionalmente inëstable y propenso a la viölëncîa.
El psicópata puede integrarse en la sociedad, mantener un trabajo y hasta proyectar una imagen impecable. No siente culpa, mänipula con astucia y puede fingir emociones con tal de conseguir lo que desea. Esta condición suele estar relacionada con factores biológicos y neurológicos, además de traümas tempranos.
En cambio, el sociópätâ es el resultado de un entorno hostil. Infancias cäóticas, marcadas por el abüsõ o el abändono, pueden moldear una personalidad que responde con agresividad, desconfianza y desobediencia a las normas. A menudo, su räbia es visible y sus acciones, impredecibles.
En resumen, la diferencia entre ambos no está solo en sus acciones, sino en sus motivaciones. Como sintetizan muchos expertos que el psïcópätâ planifica, el sociópätâ explota.
Con información de: El Confidencial









