Contrario a lo que muchos imaginan, un hombre que hace el amor a diario no anda acelerado ni fuera de control. Todo lo contrario. A nivel físico, su cuerpo entra en modo equilibrio: se relaja más, duerme mejor y su energía deja de irse a los extremos. Menos tęnsión acumulada, menos mâl humor gratuito y más sensación de bienestar general.

En lo emocional, el cambio es aún más evidente. La cercanía constante actúa como un descompresor natural del ęstrés. Se vuelve más suave en el trato, más presente y menos reactivo. La irritäción baja, el resentimiento silencioso pierde füęrza y las pequeñas cosas dejan de convertirse en grandes cønflictös.
Y no, no es solo química corporal. En el plano mental, la intïmidad regular ayuda a que la mente se calme.

Hay menos ruïdo interno, menos necesidad de competir o demostrar, y más claridad para estar en el aquí y ahora. Eso se nota en cómo escucha, cómo responde y cómo se relaciona.

En lo espiritual sí, también ahí el efecto es profundo. El amor constante genera una sensación de conexión con la vida, de estar “en tierra”, centrado. La paz interior aumenta porque el sistema nervioso deja de vivir en alërtå y pasa a sentirse seguro.

En resumen: un hombre que hace el amor todos los días no se pierde… se encuentra. Se vuelve más tranquilo, más consciente y más conectado. Porque cuando el amor es constante, no agita: ordena.

Con información de: Noticias 24 horas

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