Conversar con nuestros perros, gatos u otras mascotas es una práctica habitual que realizan miles de personas a diario. Los expertos señalan que este comportamiento, lejos de ser extraño, puede interpretarse de múltiples maneras según el contexto personal y social de cada individuo.

De acuerdo con la doctora María Fernández, psicóloga clínica especializada en vínculos afectivos, «hablar con las mascotas es una manifestación natural de nuestra necesidad de conexión emocional. No se trata de confundir al animal con un humano, sino de expresar afecto y establecer vínculos a través del lenguaje, que es nuestra herramienta comunicativa principal».

Uno de los motivos más comunes por los que las personas hablan con sus mascotas es la búsqueda de compañía. Las mascotas representan una presencia constante que mitiga la sensación de aislamiento. «Cuando alguien vive solo, la mascota se convierte en un receptor de palabras y emociones que, de otra manera, quedarían sin expresar», explica el psicólogo Alberto Sánchez.

«Esta interacción verbal, aunque no sea comprendida literalmente por el animal, genera en la persona una sensación de acompañamiento que resulta beneficiosa para su salud mental». Estudios recientes han demostrado que conversar con las mascotas reduce los niveles de cortisol, la hormona relacionada con el estrés, y aumenta la producción de oxitocina, vinculada a las sensaciones de bienestar y afecto. Estos efectos fisiológicos explican por qué muchas personas se sienten mejor después de ‘desahogarse’ con sus animales de compañía.

A diferencia de los seres humanos, las mascotas ofrecen una escucha incondicional, libre de críticas o consejos no solicitados. «Las personas encuentran en sus mascotas confidentes perfectos», señala la psicóloga Laura Martínez. «Pueden manifestar sus miedos, inseguridades o frustraciones sin preocuparse por las repercusiones sociales que tendrían estas confesiones ante otros seres humanos».

Con información de: La Nación

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