Bostezar es un acto que existe desde que los seres humanos aparecieron en la Tierra, hace aproximadamente 200 mil años, cuando el homo sapiens se convirtió en el fruto de la evolución que comenzó hace millones de años con los primates. Pero que existe en muchas especies animales desde hace más tiempo. Y, si bien todavía no queda completamente claro por qué bostezamos, la ciencia descubrió que el cerebro pide algo al hacerlo.

Las personas bostezan en distintas circunstancias muy disímiles entre sí: tanto cuando están cansadas, como cuando se despiertan después de dormir, o cuando están aburridas, pero también si están ansiosas, e incluso, en estos casos, pueden contagiar el gesto a quienes están cerca.

Hasta hace unas décadas atrás se creía que el bostezo era un acto fisiológico para oxigenar la sângre o, dicho en otras palabras, una reacción del organismo ante la falta de oxígeno. Porque a través de un bostezo se podía ingresar una gran cantidad de aire a los pulmones y, de ahí, se aumentaban automáticamente los niveles de oxígeno en la sângre. Pero una serie de experimentos realizados por tres científicos estadounidenses en la Universidad de Maryland en 1987 demostró que esta cualidad no se comprobaba en la realidad.

Si bien es cierto que al bostezar se logra ingresar una gran cantidad de oxígeno al organismo, ahora se sabe que uno de los efectos que tiene esta acción consiste en enfriar el cerebro, tal como el electroventilador baja la temperatura del motor de un auto y evitar que se recaliente. En el caso del cerebro, se trataría de reducir su temperatura corporal, algo que dispara la sensación de cansancio y somnolencia cuando es elevada, de ahí que se crea que los bostezos ayudan a mantener el cuerpo alêrta o vigilante ante la percepción inicial de sueño.

Con información de: BBC

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