El continente europeo atraviesa una de las crisis climáticas más severas de su historia moderna. Durante el pasado mes de junio, la parte occidental de Europa experimentó el registro de temperaturas más elevado desde que se tienen datos, consolidándose como el junio más cálido jamás documentado.

Este episodio extremo, calificado por la comunidad científica como una anomalía virtualmente imposible sin el impacto del cambio climático, ha dejado un rastro de destrucción, colapso de infraestructuras y una cifra de mortalidãd alarmantë.

Francia ha sido uno de los epicentros de esta catástrofë, alcanzando una temperatura media excepcional de 22,7 ºC, cifra que supera los registros históricos de los veranos de 2003 y 2025. Los días 24 y 25 de junio marcaron jornadas asfixiantês con medias nacionales cercanas a los 30 ºC, lo que obligó a las autoridades a declarar la alerta máxima en 72 de los 101 departamentos de la Franciacontinental.

El impacto sanitario en el país ha sido devastador, con reportes que confirman un exceso de mortalidâd de aproximadamente 1.000 personas en apenas una semana, afectando especialmente a adultos mayores y personas vulnerables.

El costo humano del «asesinø silencioso»

A nivel continental, la situación es igualmente crítica. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha cifrado en más de 1.300 los fallecimientos adicionales vinculados directamente a las altas temperaturas en Europa desde el 21 de junio.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha calificado el estrés térmico como un «asesino silencioso», advirtiendo que la falta de adaptación en infraestructuras —como viviendas, escuelas y centros de trabajo, no diseñados para soportar este nivel de calor extremo— ha maximizado el impacto de la crisïs.

Con información de Diario 2001

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