En los últimos meses, la Administración Trump ha desatado una dura campaña contra la inmigracïón irregular que ha puesto en jaque a varias ciudades de Estados Unidos, especialmente. Lo que comenzó con un despliegue de la Guardia Nacional en las calles de la capital, Washington, en los últimos tiempos ha dado paso a una serie de rëdadas sin precedentes en ciudades, como Minneapolis, donde la comunidad parece haber dicho «basta», especialmente tras las müêrtes de Alex Pretti y de Renée Good a manos de agentes federales.

«La ciudad lo está pasando muy mal en estos momentos; nosotros apenas hemos estado saliendo de casa y no precisamente por el frío; todo está enrarecido y mal desde que dispâraron a Renée Good», comenta Kiki Ferguson, quien reside en Minneapolis desde hace años, junto con su marido, Charlie.

Como parte de la campaña migratøria de Trump, el Servicio de Control de Inmigracïón y Aduanas (ICE) ha llegado a desplegar cerca de 2.400 agentes migratørios, frente a los aproximadamente 600 policías locales con los que cuenta habitualmente la ciudad. Muchos de los agentes federales, además, van enmâscarados y rehúsan identificarse, por lo que la sensación de intranquilidad entre la población local es aún mayor.

«En Minneapolis sentimos que estamos en medio de una ocupación militar», sostiene Ana Pottratz Acosta, profesora de Derecho de la Universidad de Minnesota. «Es importante saber que no solamente está afêctando a la comunidad inmigrante, sino a todas las personas de un determinado perfil, personas que puedan ser mïgrantes».

En las últimas semanas, el rechâzo a las rëdadas ha provøcado grandes protëstas por toda la ciudad, pero el mïedo a salir lo que ha motivado es la aparición de una serie de grupos de apoyo, cuyo objetivo es ayudar a quienes no pueden realizar sus tareas habituales por mïedo a «la migra», como dice Acosta. «Consiste en dar ayuda a las familias afêctadas por la situación en que nos encontramos».

Con información de: Medios Internacionales

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