Durante su reciente participación en un espacio de orientación educativa, la psicopedagoga Rosa Frandita Pimentel ofreció un profundo análisis sobre cómo el consumo de contenidos digitales influye de manera directa en la construcción de la personalidad y el comportamiento de los niños y adolescentes.

La especialista hizo un llamado de atención sobre la necesidad de alinear el uso de la tecnología con las etapas evolutivas de los menores, destacando el rol fundamental que juega el entorno familiar en la mediación y supervisión de las pantallas.

Relación entre el contenido digital y la etapa evolutiva

Durante su intervención, Pimentel explicó que el tipo de contenido que consumen los niños debe ser congruente con su nivel de madurez. La psicopedagoga advirtió que cuando existe una desconexión entre lo que el menor observa en los medios digitales y su edad biológica o psicológica, se pueden generar interpretaciones confusas sobre la realidad.

Esta distorsión, señala la experta, impacta significativamente en la manera en que los menores piensan, sienten y actúan dentro de su entorno cotidiano.

Orientaciones clave para padres y representantes

Para mitigar los efectos negativos y fomentar un consumo digital responsable, la especialista compartió una serie de recomendaciones esenciales dirigidas al núcleo familiar:

  • Adaptación por edad: Garantizar que el contenido en pantallas esté estrictamente adaptado a la edad y madurez del niño o adolescente.
  • Fomento de valores: Priorizar y seleccionar mensajes que promuevan valores positivos y constructivos.
  • Cuidado emocional: Proteger activamente la salud psicológica y emocional de los menores durante sus horas de exposición a los medios digitales.

El rol fundamental de la familia y los riesgos del uso sin supervisión

Uno de los ejes centrales de la ponencia de Pimentel fue la responsabilidad ineludible de los padres en la mediación digital. Debido a que los menores carecen de las herramientas cognitivas y emocionales para autorregular lo que ven, la supervisión adulta es indispensable. La familia debe actuar como una guía constante, ayudando a interpretar los contenidos y estableciendo límites claros.

Finalmente, la especialista alertó sobre los peligros del consumo no controlado. El uso de pantallas sin supervisión puede desencadenar:

  • Alteraciones en los niveles de atención y concentración.
  • Exposición a contenidos inapropiados o de riesgo.
  • Dificultades en los procesos de socialización.
  • Afectaciones en la formación de valores y en la estabilidad emocional, especialmente durante las primeras etapas del desarrollo infantil.

Con información: Somostachira

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