En una era dominada por la exhibición constante del cuerpo en redes sociales, el actor australiano británico Sam Worthington ha forjado un camino distinto, ya que ser el protagonista de “Avatar” ha convertido su preparación física en un acto de responsabilidad artística, no en un espectáculo. Su evolución para encarnar a Jake Sully en la saga de James Cameron representa un modelo de dedicación funcional, alejado de cánones estéticos y validación externas.

Un cuerpo al servicio de la historia

Worthington jamás buscó admiración por su físico. Desde el inicio de la primera entrega de “Avatar”, su motivación fue clara: entrenar porque el personaje lo exigía. “Entrenaba porque el trabajo lo requería, no porque alguien quisiera verme sin camiseta”, ha señalado en entrevistas. Postura que lo distingue en una industria donde la apariencia suele preceder al desempeño.

De la sala de pesas al fondo del océano

Para el estreno original, el actor llegó a invertir hasta seis horas diarias en entrenamiento físico, distribuidas en múltiples sesiones que incluían descanso estratégico y alimentación constante. “Al terminar, era un tanque”, admitió en una conversación con el medio especializado Men’s Health.

Sin embargo, para Avatar: El camino del agua, el enfoque cambió radicalmente. Ya no bastaba con la masa muscular; era necesario dominar el control respiratorio, la coordinación acuática y la resistencia bajo el agua. Worthington y el resto del elenco se sometieron a rigurosas prácticas subacuáticas que les exigieron actuar mientras contenían la respiración durante varios minutos.

Con información de: Agencias

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