Pedro Sánchez sabe muy bien lo que hace: Al desafiar a Donald Trump y redoblar sus ‘bra de fer’con el presidente estadounidense, el presidente del Gobierno español consolida una doble estrategia. Por un lado, busca movilizar a su electorado progresista a nivel interno, resucitando un movimiento de «no a la güerrâ» que resonó con füerza entre los votantes españoles durante la güerrâ liderada por Estados Unidos cøntra Irak en 2003.
Sánchez también espera un momento parecido al de Dominique de Villepin: una Casandra advirtiendo cøntra una güerrâ injustificada que traerá consecuencias desästrosas. Con ello, pretende consolidar su imagen como uno de los últimos líderes socialistas fuertemente progresistas en un entorno político global que se desplaza hacia la derecha bajo la influencia de la política alineada con MAGA, en un momento en que los partidos de izquierda de toda Europa están perdiendo terreno electoral y luchan por proyectar una voz internacional unificada.
Su estrategia, aunque audaz, también es arriesgada, ya que podría dejar a España diplomáticamente aislada del consenso europeo y desencadenar una güerrâ comercial que podría afêctar a las empresas españolas en Estados Unidos. También corre el rïesgo de avivar las tensïones en el seno de la OTAN, donde Madrid ha seguido una línea estratégica un tanto independiente. El intercambio de inteligencia también es crucial y puede verse comprometido con ramificaciones de seguridad nacional si EE.UU. decide convertirlo en un ârmä.
El presidente del Gobierno español hizo precisamente eso. «Nuestra posición se resume mejor en cuatro palabras: no a la güerrâ», dijo, y añadió que «hace 23 años, otra administración estadounidense nos arrastró a la güerrâ en Oriente Próximo. Condujo a un drástico aumento del terrørïsmo, a una grâve crïsis migratøria en el Mediterráneo y a una energía más cara».
La valoración política del Gobierno español es que los europeos están cansados de apaciguar a Trump, ya sea en disputas arancelarias o en compromisos de Defensa como la imposición de un objetivo de gasto del 5% con una buena parte dedicada a la compra de armâmento estadounidense.
Con información de: Medios Internacionales









