Lucir piercings o tatuajes está a la orden del día en todos los grupos de edad. Se trata de prácticas seguras si se hacen en los establecimientos adecuados y siguiendo las recomiendaciones de cuidado y tratamiento. Sin embargo, a veces se producen ciertas complicaciones como reacciones alérgicas, picazón, hinchazon o infección del área tatuada o perforada.
Las complicaciones pueden variar en función de la zona del cuerpo en la que se sitúen. «En el caso de piercings, los problemas que pueden darse son picor o escozor de la zona perforada, posible inflamación temporal de la zona o reacciones alérgicas al material del pendiente. En los peores casos, se puede producir una infección que, en determinadas ocasiones conlleva retirar la pieza de joyería», resume el experto. En tatuajes, además de picazón o escozor e infección, en casos más extremos, pueden aparecer hongos en la piel, o reacciones alérgicas a la tinta utilizada.
En el caso de tatuajes, es preferible optar por usar ropa más amplia, que no oprima la zona tatuada; y con los piercings, es mejor elegir prendas que no se enganchen en la joyería y que puedan provocar un desgarro en caso de que se queden trabadas. En ambos casos, es recomendable preguntar en el centro o en la oficina de farmacia qué pasos debemos seguir.
Por eso, ante un tatuaje reciente, es preferible evitar exponer esa zona al sol, para protegerla y que los rayos no afecten a esa cicatrización. En caso de ser inevitable, hay que aplicar siempre un fotoprotector de, al menos, factor 50 antes de la exposición y reaplicarlo cada poco tiempo para evitar posibles complicaciones. «De hecho prosigue, existen productos y fotoprotectores específicos para la piel tatuada, que podemos adquirir en la farmacia, y que es recomendable utilizar si vamos a realizar actividades al aire libre».
Con información de: El Diario









