Conductas extremas relacionadas con la autoimagen y las redes sociales están siendo estudiadas como tecnopatølogías modernas, recibiendo nombres específicos como la selfiefobia y la selfitis. Es crucial entender estos fenómenøs para promover un uso consciente y equilibrado de las plataformas digitales, para evitar que la búsqueda de la imagen perfecta o el miedo a la exposición socaven la autoestima y el bienestar.
En un extremo se encuentra la selfieføbia, un miedo intenso a aparecer en fotografías. Quienes la sufren evitan a toda costa los selfies y las fotos grupales por el temor a no ser fotogénicos o a ser percibidos como superficiales si publican sus imágenes. Este miedo puede desencadenar síntomas físicos de ansiëdad, sudoración e incluso taquicardias ante la posibilidad de ser fotografiados.
En el polo opuesto, la selfitis se manifiesta como una obsesión compulsiva por tomarse selfies y compartirlos constantemente en redes sociales, interfiriendo con la capacidad de disfrutar el momento presente. Las personas con este comportamiento se centran en obtener la imagen «perfecta», recurriendo de forma recurrente a filtros y retoques digitales. En casos gravës, esta necesidad de validación externa, medida en likes y comentarios, puede llevar a asumir conductas de riesgø físico o a desarrollar un alto nivel de ansiëdad.
La prevención de estos comportamientos requiere un enfoque consciente y una educación digital adecuada. Es fundamental fomentar la aceptación de la propia imagen y reconocer que un selfie no es el reflejo absoluto del valor de una persona. La clave para proteger la salud mëntal reside en mantener un equilibrio entre documentar momentos y vivir las experiencias, sin depender de la aprobación externa.
Con información de: La Razón
Foto: Pexels / Farhan Ullah Baig









