Esta vez, la llama de la creatividad volvió a encenderse justo cuando muchas casas de moda empezaban a mostrar señales de agotamiento. Hasta ocho firmas presentaron sus primeras colecciones bajo la dirección de nuevos directores artísticos, una inyección de aire fresco en el ajetreo de la alta costura del corazón de la ciudad.
París vuelve a encender su magia. La Semana de la Moda 2025 deja su huella en las vibraciones ligeras del aire, en el brillo cambiante de los tejidos, en el eco de los pasos sobre la pasarela y en los susurros velados del ‘backstage’.
Algunas llegaron con propuestas audaces, otras con la necesidad de redefinirse. De esa confrontación entre viejas y nuevas narrativas surgió algo inesperado: un soplo de renovación, sin renunciar al peso de la herencia.
La atención al detalle fue minuciosa: acabados en crudo, costuras visibles y accesorios elaborados con materiales reciclados. El desfile se celebró en un taller histórico, donde los invitados se sentaron sobre pilas de antiguos sobres troquelados. Un gesto simbólico y poderoso. Burton dejó claro que la moda puede ser silenciosa y a la vez elocuente, elegante pero cargada de carácter.
La Semana de la Moda de París 2025 se ha sentido como un verano de frescura, un desfile de contrastes. Pasamos de la demostración a la microgestualidad, del espectáculo al manifiesto, del escándalo a la fuerza silenciosa. Es una temporada en la que la moda reza a dos deidades la innovación y la autenticidad e intenta, con sutileza, reconciliarlas.






Con información de: La Vanguardia









