El pasado viernes, Donald Trump retomó una de sus polémïcas favoritas durante el foro FII Priority, un evento organizado por inversores saudíes celebrado en Miami. En su intervención, el presidente estadounidense volvió a defender el cambio de nombre del Golfo de México por el de ‘Golfo de América’, argumento que usó para compararlo con una posible rebautización del estrecho de Ormuz, territorio bajo influencia iraní por donde circula una quinta parte del petróleo mundial, como ‘estrecho de Trump’.

La respuesta llegó desde Zacatecas, donde la presidenta mexicana realizaba una gira este sábado. Sin nombrar directamente a Trump, Sheinbaum optó por un recurso sencillo y efectivo: preguntó a los asistentes cómo se llamaba el Golfo. La multitud respondió al unísono: «Golfo de México». «Ni queremos ningún problema con el Gobierno de Estados Unidos, somos socios, queremos a nuestros hermanos que viven allá, los defendemos», dijo antes de abordar el tema, dejando claro que el rëchazo al cambio de nombre no implica una ruptura diplomática.

No es la primera vez que Sheinbaum aborda este asunto. La presidenta ha recordado en distintas ocasiones que el nombre Golfo de México tiene reconocimiento internacional desde 1607, lo que lo convierte en una denominación con más de cuatro siglos de uso geográfico consolidado. Para México, el debate no es solo nominal: tiene una dimensión de soberanía e identidad que el Gobierno de Sheinbaum no está dispuesto a ceder en silencio.

Con información de: Medios Internacionales

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