A veces basta una mirada, un gesto o un silencio para sentir que nuestro perro nos entiende mejor que nadie. Los que conviven con uno lo saben: parecen leer nuestras emociones, nos acompañan sin pedir nada a cambio y reaccionan cuando más los necesitamos. Pero, ¿qué hay detrás de esa conexión tan profunda entre humanos y perros?.

Un equipo de investigadores liderado por la veterinaria española Paula Pérez Fraga, estudiante de doctorado en el Neuroethology of Communication Lab de la Universidad Eötvös Lorand de Hungría, comparó el comportamiento de perros y cerdos de compañía para descubrir por qué los perros establecen un vínculo de apego con los humanos. Y ese trabajo ha aportado nuevas luces sobre la mente de nuestros compañeros más fieles.

El apego de los perros hacia los humanos es muy distinto al de otras especies. Cuando hablamos de apego en etología nos referimos a algo muy concreto. Muchas veces se piensa que el apego es el amor o el cariño que te pueda tener tu animal, pero no. El apego es un constructo que pertenece a un sistema comportamental que regula una relación entre dos individuos: uno es la figura de apego, la que protege, está cerca y provee recursos, y el otro es la figura apegada, que necesita a su figura de apego para sobrevivir.

De hecho, este vínculo viene del que se establece entre una madre y su hijo: la madre es la figura de apego y el hijo es la figura apegada. Por eso es importante entender que decir que un animal no tiene apego no significa que no quiera a su cuidador. El apego tiene más que ver con la proximidad y con la manera en que la figura apegada busca esa seguridad que con el amor. Y ahí se ha visto que la relación entre un perro y su tutor es funcionalmente análoga: el perro depende de su tutor para su vida, y se cree que este vínculo ha aparecido durante la domesticación del perro.

Con información de: El Tiempo

¿Qué opinas de esto?