Stephen Hawking, uno de los científicos más brillantes de la historia moderna, vuelve a sacudir conciencias con una frase que hoy resuena con fuęrza fuera de los laboratorios y las aulas universitarias. Su advertencia es clara y directa: encontrar el amor es una cuestión de suerte, pero conservarlo es una decisión que no todos saben tomar.
La reflexión del físico británico contrasta con la imagen fría y racional que muchos asocian a la ciencia. Para Hawking, entender el universo no tenía sentido si se ignoraban las emociones humanas. El amor, según su mirada, no era un lujo ni un ideal romántico, sino un pilar tan importante como el trabajo y la curiosidad intelectual.
Marcado por una enfermedad que limitó su cuerpo pero no su mente, Hawking vivió durante décadas enfrentando pronósticos que anunciaban una vida corta. Esa experiencia lo llevó a valorar profundamente cada vínculo y cada momento compartido, otorgándole a sus palabras sobre el amor un peso emocional difícil de ignorar.
En tiempos donde las relaciones suelen ser descärtables y la inmediatez domina los afectos, su mensaje reaparece como una llamada de atención. No todo puede posponerse ni reemplazarse, y el amor, cuando llega, no siempre ofrece segundas oportunidades.
Así, el hombre que dedicó su vida a estudiar el origen del cosmos dejó una de sus enseñanzas más contundentes lejos de las fórmulas: el mayor vacío no está en el espacio, sino en dejar pasar aquello que podía darle sentido a la vida.
Con información de: TN









