Salir de casa y comprar un café, pagar una plataforma de streaming “por si acaso”, mantener activa una suscripción que casi no se usa o pedir un domicilio por pura comodidad son hábitos comunes en la vida urbana. El problema aparece cuando esos desembolsos, que rara vez se piensan dos veces, se acumulan y terminan teniendo un peso desproporcionado sobre el presupuesto mensual.

Lo que parece insignificante en el día a día puede convertirse en una fuga constante de dinero. En algunos escenarios, estos consumos pequeños y recurrentes alcanzan montos mensuales más altos de lo que se ganan en el trabajo, una cifra que obliga a replantear prioridades financieras. Uno de los frentes donde más se concentran los gastos hormiga es el de las suscripciones, especialmente aquellas que se pagan en dólares o que se renuevan de forma automática.

Contratar varios medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales, puede parecer una inversión en conocimiento, pero al final del mes la suma no es menor. Más allá de lo digital, los gastos cotidianos siguen siendo protagonistas. El café de la mañana, el pan de la tarde o la merienda rápida durante la jornada laboral son ejemplos clásicos de gastos hormiga. Cuando se hacen todos los días, el resultado puede ser sorprendente.

Identificar y controlar los gastos hormiga no implica eliminar por completo los consumos asociados al ocio o al bienestar personal, sino aprender a gestionarlos de forma más consciente. Así lo explica Jhon Torres Jiménez, analista macroeconómico en Native Capital, que señala que el primer paso para mejorar las finanzas personales es reconocer con claridad en qué se está gastando el dinero.

Otra recomendación consiste en establecer límites claros al gasto discrecional. “Poner un ‘techo’ mensual ayuda a que estos egresos no se salgan de control y obliga a priorizar”, señaló el analista.

Con información de: La Vanguardia

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