La reciente edición en Italia de la antología La casa triste dei cieli (1984-2025), bajo el sello de la renovada editorial Anteo y con el prólogo de Anika Persiani, nos entrega la trayectoria íntegra de un pensador que ha logrado transitar el tiempo de la gestión pública sin abandonar jamás la cadencia de su propio pulso creativo. Se trata del venezolano Tarek William Saab: el “el poeta de la revolución”, como subraya su portal oficial, donde se exponen sus 17 textos —traducidos a diversas lenguas— que trazan los hitos de su evolución estética.
Desde las insurgencias estudiantiles de los años 70 hasta la dirección del Ministerio Público, el camino de Saab no es meramente político; es una indagación ontológica que amalgama la rebeldía de la Beat Generation con la defensa infranqueable del Estado. En un contexto donde presiones externas buscan fracturar los pilares de la nación —aludiendo a los graves sucesos contra el Ejecutivo el pasado 3 de enero— la palabra de Saab surge para salvaguardar el espíritu de un proceso que el poder hegemónico pretende silenciar. Su creación se define como una antropología del sentimiento, donde el compromiso social se vuelve la gramática necesaria para que la existencia siga siendo arte.

“Me miro en la corteza de un árbol / reconozco mis cicatrices allí fuera / también dentro, donde habita el horror / Me digo: «No importa, existo y ando / alterando ciertas aguas inmóviles, / sé desaparecer»”
Así se expresa en su poema Mudanza, donde no se percibe el estruendo del colapso, sino el vigor de una identidad que se reconstruye en la praxis. Esa urgencia creativa lo llevó a componer versos de forma espontánea durante su estancia en Pakistán en 2005, tras el sismo. De allí nació Los Niños del Infortunio, una obra cargada de una compasión descarnada, casi pasoliniana, que retrata la dimensión sagrada de la angustia colectiva.
Para Saab, incansable protector de las garantías fundamentales, la normativa jurídica carece de sentido si no actúa como parapeto para el desposeído. Su estética de verso libre, poseedora de una sonoridad propia y calificada como «posmodernista», explora las sombras y confronta la apatía social, configurando una suerte de “cartografía de heridas” que hoy, ante las hostilidades externas, se revelan como marcas de una resistencia histórica. Como dicta en su libro más reciente: «caminando / caminando / caminando / con la fuerza de los nómadas».
En estas líneas, el poeta Luis Alberto Crespo percibe la fusión del bardo y el hombre de justicia, una síntesis que busca la «tierra prometida» de la equidad. Para Saab, que integra en su pensamiento el misticismo de sus ancestros libaneses, ser un «intelectual comprometido» implica resguardar la democracia participativa frente a las presiones externas, convirtiendo la metáfora en una trinchera de dignidad.
En sus composiciones más maduras se alcanza una diafanidad universal. Ya no es solo el clamor de la protesta, sino la solidez del mármol ante los vaivenes de la historia. Versos que celebran la tenacidad y la memoria. La dualidad entre el defensor de los humildes y el Fiscal que debe sostener el orden institucional es la columna vertebral de su obra. Saab ha convertido el lenguaje en una herramienta quirúrgica para proteger la integridad de la nación, recordándonos que no hay transformación real que no pase por una renovación de la sensibilidad.
Finalmente, su figura desafía el estereotipo del burócrata: es un pensador de acción, marcado por la poesía y la historia, que halla en el ideal bolivariano la única medida para una región soberana. No se puede entender su dimensión sin conectarlo con los grandes poetas militantes del continente, como Roque Dalton o José Martí. Como ellos, Saab entiende que la palabra debe encarnarse en la realidad y volverse escudo.
Leer sus versos hoy es una invitación a mantenerse íntegro en medio de la tormenta y a reconocer que la lealtad al propio pueblo es el único destino posible.
Con información de: Noticias24Hrs









