Que cada vez más encontremos reductos de paz en costumbres y técnicas de la cultura japonesa tiene todo el sentido del mundo. No en vano hablamos de costumbres tremendamente conectadas con las emociones, la sencillez y el respeto (de ellos aprendimos, por ejemplo, la importancia del ikigai o, lo que es lo mismo, centrarse en el propósito de vida). En materia de decoración y bienestar en el hogar también son expertos en trabajar el minimalismo para encontrar la manera de calmar el cerebro y lograr el equilibrio.
Precisamente de eso va el Kanso, uno de los principios del diseño japonés tradicional. Tal y como nos explica Gloria Ramos, experta en Feng Shui y en armonizar espacios en hogares y oficinas, “el Kanso habla de la simplicidad esencial: eliminar lo innecesario para que solo permanezca lo auténtico. No es minimalismo estético, es una depuración casi espiritual. El Feng Shui, en cambio, es un sistema clásico de análisis energético del espacio.
El Kanso invita a revisar desde la identidad. El Feng Shui lo hace desde la energía. Cuando un objeto no tiene función, belleza ni significado actual, está ocupando espacio físico y mental. Una clave útil es observar la reacción corporal. Si al mirar un objeto sientes neutralidad o carga, es momento de cuestionarlo. Si genera ligereza o placer, tiene sentido conservarlo. El desprenderse no es pérdida. Es refinamiento”.
El Kanso prioriza mucho el minimalismo y la importancia de los espacios libres que de alguna manera relajen y faciliten el flujo de buenas sensaciones. “El espacio vacío no es ausencia. Es potencial. En Oriente, el vacío tiene valor. Permite que la energía fluya, que la mente descanse y que los objetos respiren. Cuando todo está lleno, no hay jerarquía ni foco. El minimalismo bien entendido no es frialdad, es claridad. Deja espacio para la experiencia, para la luz, para el movimiento”, explica Ramos.
Está comprobado que los espacios con mucho ruido visual impactan en los niveles de cortisol, en parte porque el cerebro lo considera como un asunto inacabado. Gloria Ramos lo explica así: “Nuestro sistema nervioso responde al entorno constantemente. Cuando el campo visual está saturado, el cerebro trabaja más. Cuando el entorno es limpio, las pulsaciones bajan. No es una cuestión estética, es neurológica”, afirma.
Con información de: Hola









