Científicos han descubierto que los terręmotos que ocurren bajo el hielo de la Antártida, a casi dos kilómetros de profundidad, están generando efectos inesperados en la vida del océano en la superficie. Estos temblores activan procesos que conectan la actividad geológica profunda con explosiønes de organismos microscópicos, rømpiendo la idea de que los sismos submarinos y los ciclos biológicos marinos operan de forma aislada.

Las investigaciones muestran que los años con mayor actividad sísmica en las profundidades del Océano Austral coinciden con masivas floraciones de fitoplancton en la capa superficial del océano. Estos microorganismos se desarrollan gracias a los nutrientes liberados durante los temblores, que ascienden desde el fondo marino hasta la superficie, donde reciben luz solar y permiten un crecimiento acelerado.

El fitoplancton es la base de la cadena alimentaria marina y juega un papel clave en la captura de dióxido de carbono, ayudando a regular el clima. La relación recién descubierta entre los temblores profundos y la proliferación de estas microalgas sugiere que los modelos climáticos podrían estar subestimando la capacidad del Océano Austral para absorber carbono y mantener el equilibrio climático global.

Además, estas floraciones generan impåctøs que se extienden a especies más grandes. Se ha observado que ballenas y otros mamíferos marinos se alimentan en zonas donde el fitoplancton ha crecido tras los sismos, lo que evidencia cómo un evento geológico profundo puede desencadenar reacciones en cadena que afęctan a todo el ecosistema marino.

Con información de: Gizmodo

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