Muchos dueños no se dan cuenta, pero los perros también pueden experimentar ansïedad de forma intensa, similar a los humanos. Existen tres grandes tipos de ansïedad que afectan a los perros, según expertos veterinarios y etólogos. La primera es la ansïedad por separación es muy común en cachorros, perros mayores o tras cambios importantes, como una mudanza o la llegada de un nuevo miembro a casa. Se manifiesta con destrozos, ladridos excesivos, intentos de fuga o incluso micciones en lugares inapropiados. El perro sufre cuando se queda solo.

También existe la ansïedad por miedo, que puede ser detonada por ruidos fuertes (petardos, tormentas), entornos desconocidos o incluso por la visita al veterinario. La reacción puede ser tan intensa que algunos perros desarrollan un rechazo profundo a situaciones cotidianas como subir al coche o salir de casa. Por último, la ansïedad por edad aparece a medida que los perros envejecen. Pueden presentar desorientación, alteración del sueño o hipersensibilidad a los estímulos. Es lo que se conoce como disfunción cognitiva canina (CCD), una especie de «alzhéimer canino» que requiere un enfoque especialmente cuidadoso.

Para ayudar a tu perro existen dos métodos recomendados por los especialistas en comportamiento animal. El primero es la desensibilización, que consiste en exponer al perro, poco a poco y de forma controlada, al estímulo que le causa ansiedad, empezando por niveles muy bajos. Por ejemplo, si le aterran los petardos, puedes reproducir sonidos suaves mientras juega y premiarlo para que los relacione con cosas positivas.

El segundo es el contracondicionamiento, que se basa en cambiar la respuesta del perro frente a un estímulo mediante refuerzos positivos. Si el perro se pone nervioso al ver su transportín, darle golosinas cada vez que lo vea puede ayudar a modificar esa asociación negativa. Ambas estrategias requieren paciencia, constancia y, en muchos casos, la guía de un adiestrador canino certificado o un etólogo veterinario.

Además del entrenamiento, hay otras herramientas que pueden complementar el tratamiento. Una de ellas es crear un refugio seguro en casa: una cama en una habitación silenciosa, una manta sobre su transportín o una esquina con poca luz donde pueda descansar cuando se sienta agitado. También se puede recurrir a la música relajante: varios estudios han demostrado que la música clásica suave tiene un efecto calmante en muchos perros.

Con información de: El Tiempo

¿Qué opinas de esto?