“Vivimos en una época que podría definirse, siguiendo al filósofo Amador Fernández-Savater, como una época de ‘acumulación de cosas’ y no de experiencias”, afirma Miguel López-Sáez, psicólogo social, profesor de la Universidad Rey Juan Carlos y coordinador de Psicología social del turismo (Pirámide, 2023). Se refiere a esta forma acelerada de relacionarnos con la cultura. Esta actitud, explica, responde a un imaginario neoliberal en el que “el valor de la persona se mide por su productividad y su capital cultural visible: lo que se ‘consume’ y se exhibe”. Lo que no se ve, vale menos, o más bien nada.
En ese sentido, visitar un museo, fotografiarse frente a una obra icónica y pasar rápidamente a la siguiente pieza tiene más que ver, según López-Sáez, con “la lógica de quien colecciona matches en Tinder, libros sin leer o seguidores en Instagram”. Lo que importa no es tanto la experiencia como “el registro de haber estado allí, de tenerlo en la lista de checks y poder mostrarlo públicamente en una story cute”.
Desde la psicología social, sostiene López-Sáez, esta especie de turismo cultural exprés o turismo del selfie puede entenderse como “una respuesta a la ansïedad contemporánea por no ‘perderse nada’. Un temor, dice, alimentado por las redes sociales y la cultura de la inmediatez, que nos empuja a vivir experiencias estandarizadas, compartibles y fácilmente certificables ante los demás.
Aún así, no todo está perdido. El psicólogo cree que la tecnología no tiene por qué ser enemiga de una experiencia auténtica. “Puede ser una aliada si nos ayuda a documentar reflexivamente, a compartir procesos y no solo a crear contenidos para nuestro perfil de Tinder o Instagram”, señala. El reto, para él, consiste en “reconciliar lo digital con la experiencia genuina, saliendo de la lógica de la checklist para volver a la vivencia”. Es decir, hacer del viaje una narración vivida, no un escaparate.
¿De verdad hace falta fotografiarlo todo? ¿Podemos recapacitar y convencernos de que podemos visitar un museo o comer un plato excelente sin necesidad de compartirlo en redes sociales? Puede que lejos de la dopamina que nos proporcionan los me gusta y los comentarios encontremos esa autenticidad que muchos echamos de menos.
Con información de: Gizmodo









