Cuando una gratinado es bueno, ni siquiera hace falta saborearlo para que las papilas gustativas empiecen a funcionar. La deliciosa corteza crujiente que se forma suele presentar un aspecto visual de lo más apetecible (además de tener una función puramente práctica como es la de ‘aislar’ en interior de la receta manteniendo toda su jugosidad). Para ello, se aplica calor en la parte superior de la preparación, cubierta normalmente con queso, aunque también puede ser pan rallado, bechamel, puré de papas.

Consejos prácticos que no debes perder se vista: utiliza queso rallado por encima del plato que quieras gratinar. No todos los quesos gratinan o funden igual: por sus características, la mozzarella es el más aconsejable para gratinar, y cómo no, el queso cheddar, que habitualmente encontramos en las hamburguesas funde muy bien. Para gratinar platos con bechamel de cobertura y que quede perfecta lo mejor es añadir un poco de queso rallado para que funda y adquiera un color dorado sin que se queme.

Espolvorea queso entre las capas de tu plato o puedes echarle un poco de nata para cocinar o incluso bechamel y quedará extra cremoso. Sirve caliente. Te recomendamos que para disfrutar de un excelente gratinado, es importante servirlo nada más terminar de cocinar, así disfrutarás mucho más de la textura y la explosión de sabores del plato que hayas preparado.

Puedes hacer gratinado de tomate y queso: Toma un recipiente para horno y esparce margarina en el fondo. Pon una capa de rodajas de tomates maduros, esparce un poco de salsa bechamel y luego una capa de queso. Repite esto hasta que llenes el recipiente y finaliza con otra capa de queso. Esparce 3 cucharadas de pan rallado y lleva al horno durante 30 minutos.

Con información de: La Buena

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