Durante varios siglos, el Imperio Romano marcó profundamente la historia de la península, dejando una huella imborrable en su cultura, arquitectura y organización social. Ciudades, caminos, acueductos y monumentos como los de Mérida y Segovia, junto con la introducción el latín y el derecho romano, transformaron para siempre el territorio y sus habitantes. En este contexto, Castilla y León alberga verdaderos tesoros romanos que han sobrevivido al tiempo.
Concretamente, Peñalba de Castro se erige como un escenario privilegiado de la Antigüedad por tener uno de los teatros romanos más grandes de España, con una capacidad para más de 9.000 espectadores. Construido durante la época de Tiberio, este cuenta con un diseño que aprovecha la ladera natural de la colina para integrar las gradas, demostrando la maestría de los ingenieros romanos.
La fachada escénica estaba formada por dos pisos, decorados con columnas corintias y esculturas tan famosas como la diosa Fortuna. No obstante, cabe destacar que este espacio no solo albergaba representaciones teatrales y espectáculos, sino que también funcionaba como un lugar de encuentro social y político, reflejando la importancia cultural de la antigua ciudad romana como un centro cultural vibrante.
Durante varios siglos, el Imperio Romano marcó profundamente la historia de la península, dejando una huella imborrable en su cultura, arquitectura y organización social. Ciudades, caminos, acueductos y monumentos como los de Mérida y Segovia, junto con la introducción el latín y el derecho romano, transformaron para siempre el territorio y sus habitantes. En este contexto, Castilla y León alberga verdaderos tesoros romanos que han sobrevivido al tiempo.
Concretamente, Peñalba de Castro se erige como un escenario privilegiado de la Antigüedad por tener uno de los teatros romanos más grandes de España, con una capacidad para más de 9.000 espectadores. Construido durante la época de Tiberio, este cuenta con un diseño que aprovecha la ladera natural de la colina para integrar las gradas, demostrando la maestría de los ingenieros romanos.
La fachada escénica estaba formada por dos pisos, decorados con columnas corintias y esculturas tan famosas como la diosa Fortuna. No obstante, cabe destacar que este espacio no solo albergaba representaciones teatrales y espectáculos, sino que también funcionaba como un lugar de encuentro social y político, reflejando la importancia cultural de la antigua ciudad romana como un centro cultural vibrante.
Con información de EFE









