La creencia de que una vivienda más grande garantiza mayores niveles de felicidad y bienestar fue cuestionada por investigaciones recientes. Según especialistas citados por The Washington Post, una vez cubiertas las necesidades básicas, lo que más influye en la satisfacción diaria no es la superficie del hogar, sino la solidez de las relaciones personales y la manera en que se aprovechan los espacios para la vida en familia.

Mariano Rojas, economista del Instituto Tecnológico de México, señaló que la cantidad de espacio es solo un elemento dentro de una ecuación mucho más amplia. Lo que realmente importa es la dinámica interna del hogar y los vínculos entre sus miembros.

El principal motor del bienestar en el hogar se encuentra en la calidad de las relaciones personales, advirtió Gerardo Leyva, investigador de la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México. “La felicidad está vinculada a la calidad de los vínculos entre miembros del hogar, y este puede ser el amortiguador emocional ante desafíos de la vida”, indicó.

Los mayores niveles de felicidad se observan en hogares con entre 4 y 6 residentes, sin importar el tamaño de la vivienda, debido a la fortaleza de los lazos familiares. El resultado es que muchas personas acaban invirtiendo sus recursos en casas grandes, pero sacrifican la riqueza de su vida relacional y experimentan una persistente sensación de insatisfacción.

Las condiciones del barrio desempeñan un papel decisivo en el bienestar. Lina Martinez, directora del Centro POLIS de la Universidad ICESI en Colombia, sostuvo que la felicidad del hogar depende menos del espacio y más del entorno: acceso a servicios, áreas verdes y seguridad.

Con información de: El Tiempo

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