Un ambicioso plan presentado ante la Asamblea General de la ONU propone una meta clara y casi urgente: reducir en un 24 % los casos de pérdida de visión a nivel mundial para el año 2030. Sabemos que más de 2.000 millones de personas tienen algún grado de discapacidad visual y que al menos la mitad de esas situaciones podrían prevenirse o tratarse si se actúa con decisión.

La propuesta, contenida en el informe “El Valor de la Visión”, contempla seis intervenciones estratégicas: exámenes visuales sistemáticos en escuelas y comunidades, suministro inmediato de gafas cuando sean necesarias, cirugías de cataratas más accesibles, capacitación de personal sanitario, optimización de procesos quirúrgicos y eliminación de barreras sociales y económicas que dificultan el acceso al cuidado ocular.

Para poner en marcha estas medidas, se estima una inversión global de 7.100 millones de dólares entre 2026 y 2030. Pero el retorno proyectado es extraordinario: cerca de 200.000 millones de dólares en beneficios económicos, junto con la generación de 2,1 millones de empleos adicionales. Es decir, cada dólar invertido podría rendir hasta 28 en impacto social y económico.

El contexto exige acción inmediata: en muchos países de ingresos medios y bajos, la atención oftalmológica es insuficiente o inaccesible, lo que deja a comunidades enteras sin recibir diagnóstico ni tratamiento. Aunque las soluciones son simples y ya existen, la financiación global destinada a la salud visual no llega al 0,06 % del gasto mundial en salud.

Con información de: El País

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