En 1994, el fotoperiodista brasileño Sebastião Salgado regresó a casa desde África Oriental, en donde había estado documentando los horrores del genocidiö de Ruanda. Después de esa experiencia traumática, buscaba paz en el exuberante bosque verde de su tierra natal en el área de Minas Gerais, en Brasil.
Sin embargo, lo que vio allí fue aún más devastador: en unos pocos años, un rico bosque se había convertido en un paisaje gravemente deteriorado y polvoriento con ríos secos y sin ningún rastro de vida silvestre. La tierra estaba cubierta solo por árboles en un 0,5 %. Salgado quedó destrozado.
En ese momento, su esposa, Lélia, le hizo una propuesta casi imposible. Ella creía que esa tierra podía recuperar su antigua gloria si ambos ponían todo su esfuerzo en ella. Sebastião apoyó su idea y la pareja decidió replantar toda el área con una especie que alguna vez floreció allí. Desde entonces, comenzó a suceder una transformación milagrosa.
Salgado sembró su primera semilla en 1998, pero 2 personas no serían suficientes para hacer un trabajo tan enorme. Con el fin de restaurar su pedazo desierto de 709 hectáreas de tierra forestal, la pareja contrató a 24 personas que trabajaron día y noche junto con los propietarios, arrancando malezas invasoras, plantando nuevas plántulas y regando el área.
Al mismo tiempo, Sebastião comenzó a construir una red de voluntarios entusiastas y socios que financiarían y sostendrían su inmenso proyecto. Para atraer la atención sobre su misión, la pareja creó una organización ambiental llamada Instituto Terra.
El objetivo principal del Instituto Terra era restaurar el ecosistema en el área mediante la producción de plántulas en el Bosque Atlántico. También tenían una campaña educativa ambiciosa que involucraba a estudiantes, maestros, agricultores y funcionarios locales. Para aumentar la conciencia sobre el problema, el instituto incluso brindaba asesoramiento a agricultores, mineros y otras personas que trabajaban en la región forestal.
Con información: qpasamag









