Las relaciones a largo plazo, especialmente las que superan las tres décadas, pasan, inevitablemente, momentos difíciles y períodos de estancamiento. La rutina diaria y la familiaridad que surge con el paso de los años, puede generar una sensación de confort, y a la vez de desconexión. A menudo, esto hace que se pierda la chispa inicial que hacía que cada día se sintiera emocionante y lleno de descubrimientos.
Con el tiempo, la conexión emocional se pierde por caer en el piloto automático de las responsabilidades cotidianas y por las dificultades. Esto puede provocar que las conversaciones se vuelvan superficiales y que las pequeñas tensiones afecten a la relación.
Según Robert Waldinger, profesor de Harvard y director del Harvard Study of Adult Development, la curiosidad mutua es uno de los pilares más fundamentales. Las preguntas profundas y reflexivas son fundamentales para mantener la conexión emocional en una relación. Preguntar cosas como: “¿Qué te ha hecho sentir más vivo últimamente?” o “¿Qué sueños tienes para el futuro?”, permite salir de la rutina y redescubrir aspectos que quizá habías olvidado.
Una pregunta sencilla que puede hacerte descubrir por qué ahora tu mujer usa más botas que zapatillas, por qué tu marido se ha dejado ese color de pelo o por qué ha cambiado de colonia, pequeñas cosas que seguramente hubieran pasado de desapercibidas si no ponemos atención, pero que son indispensables en una relación.
Lo que realmente importa es la calidez emocional y la seguridad que se experimenta en la relación. Tener una pareja que te apoye y te entienda a lo largo de los años genera una sensación de bienestar que es más duradera que cualquier otra cosa. También debemos poner atención cuando alguien hace algo bueno, no dar las cosas por sentadas, ser agradecidos, y preguntarnos cómo sería nuestra vida si esa persona en concreto no estuviera en ella.
Con información de: BBC









