El excampeón de la UFC, Conor McGregor, ha dado un paso audaz al lanzar su campaña presidencial en Irlanda, buscando transformar su estatus de celebridad en influencia política. En un acto provocador frente al Parlamento de Dublín, McGregor, que ahora se presenta como activista, busca movilizar el apoyo necesario para asegurar un lugar en la lista oficial de candidatos.

Sus posibilidades, si bien son limitadas, no lo desaniman, ya que aspira a convertir su inmensa fama en poder institucional, apelando directamente a concejales y electores. La campaña se centra en un discurso radical que aborda temas de inmigración e identidad nacional. McGregor propone un referéndum sobre la participación de Irlanda en el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, presentándose como la voz de la «periferia olvidada».

Para ganar adeptos, el aspirante ha adoptado una estrategia directa y personal, instando a los concejales locales a unirse a su causa. «Si son concejales y creen que su voz es ignorada… ayudenme y les daré una tribuna», declaró, buscando conectar con aquellos representantes políticos locales que se sienten marginados.

A pesar de su popularidad, el camino de McGregor hacia la presidencia enfrenta obstáculos significativos. Su historial judicial, que incluye una cøndena civil por 250.000 euros y múltiples acusaciones de viølación, genera serias dudas sobre su idoneidad como líder. Además, el estricto sistema electoral irlandés exige el respaldo de al menos cuatro consejos municipales o 20 diputados y senadores para formalizar una candidatura, un requisito que podría frenar sus ambiciones.

Su falta de experiencia política y sus antecedentes legales siguen siendo grandes impedimentos para sus aspiraciones. McGregor no es el único candidato independiente que busca un lugar en la papeleta; el abogado Nick Delehanty y la exmeteoróloga Joanna Donnelly también han expresado su interés.

Con información de: EFE

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