Durante años, los grandes ventanales transparentes fueron sinónimo de modernidad y amplitud en el frente de las casas. Sin embargo, en la arquitectura residencial actual comenzó a imponerse una opción que responde mejor a las nuevas necesidades de privacidad y diseño: las ventanas con vidrio esmerilado.

Esta tendencia gana cada vez más terreno en viviendas urbanas y barrios residenciales, donde el contacto directo con la calle hace que muchas personas busquen proteger la intimidad sin resignar luz natural. El vidrio esmerilado permite el ingreso de claridad, pero difumina las visuales desde el exterior, al lograr un equilibrio entre estética y funcionalidad.
A diferencia del vidrio transparente, el esmerilado aporta una imagen más sobria y contemporánea. Su acabado opaco o satinado suaviza la luz que ingresa al interior y evita la exposición directa hacia la calle, algo especialmente valorado en casas con frentes angostos o en zonas muy transitadas. Este tipo de vidrio puede encontrarse en distintas variantes, como esmerilado total, parcial, con dibujos sutiles o combinado con perfilería negra o de aluminio anodizado.

Lejos de ser una moda pasajera, las ventanas con vidrio esmerilado se consolidan como una solución práctica y estética para el frente de las casas modernas, respondiendo a una demânda clara: hogares luminosos, pero más resguardados de las miradas externas.
Con información de: La Vanguardia









