La veterinaria Laura Londoño asegura que la fama de “tercos” que tienen los burros es un mito que no refleja su verdadera naturaleza. Según explica, muchas veces se malinterpreta su comportamiento, atribuyéndoles obstinación cuando en realidad están evaluando cuidadosamente su entorno antes de actuar. Este tipo de comportamiento es una estrategia de supervivencia que les permite evitar situaciones de rięsgø.

Londoño enfatiza que los burros no obedecen órdenes de manera automática ni actúan por impulso. Su aparente terquedad es, en realidad, una manifestación de inteligencia adaptativa: los animales analizan la situación y deciden moverse solo cuando consideran que es seguro, demostrando prudencia y control sobre sus acciones.

Estos animales, señala la veterinaria, no responden bien a la presión o la füęrza. Por el contrario, muestran mejores resultados cuando se les brinda confianza y seguridad, ya que esto les permite explorar y avanzar sin sentirse amenazados. Su comportamiento demuestra que son conscientes de los riesgos y toman decisiones basadas en ellos, no por capricho.

El estudio de Londoño resalta que los burros tienen una capacidad cognitiva que muchas veces se subestima. Evaluar rięsgøs, observar el entorno y actuar de manera estratégica son habilidades que han desarrollado durante siglos, adaptándose a condiciones difíciles y manteniendo la calma incluso en situaciones complejas.

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